El sol acaricia con sus rayos el cielo azul de la mañana. Las brisas, pasajeras, se muestran suaves, cálidas, frágiles y delicadas al atardecer. Un verano tardío, una primavera temprana. Pero octubre está terminando. El año lectivo solo acaba de comenzar.
El mundo entero sonríe ante el inusual estado real. Real... pulcro y brillante como el día de hoy. Fresco y limpio como las olas del mar. Sin embargo nada es veraz. No pertenezco a este lugar.
Tengo la vista emborronada por esta niebla creciente que cada vez se hace más espesa. La bruma me encierra en una nube blanca, como si fuera una gota de agua, tan fría como las demás.