Con la última visión del fondo azul me despido de ti. La caricia fría final del agua, el potente olor a sal, todo forma el escenario perfecto para la culminación del acto y el comienzo de la nueva obra. De todo lo que está por llegar.
Acabó agosto, el verano se va por fin. Después de tantos días esperando, encerrada en el capullo del calor y el olvido, mis alas vuelven a abrirse. Regresan los libros, el frío, las mantas cálidas, la ropa de abrigo, las noches de lluvia...
Retorno a la cueva, al castillo del Rey Loco, siempre en contacto con mis delirios y mis recuerdos. Pisar de nuevo Crisálidas, reencontrarme con la Sala Onírica, y con Godoy. Cada rincón, cada aula, cada pasillo, cada pasillo, cada persona que durante el trimestre de fuego ocupó mis pensamientos, ahí estará. Retomaré mi camino, Volveré a mi lugar.
Escribo esto a riesgo de parecer de otro planeta. Pero esa posibilidad no me da miedo. No tanto como el pensar en estar más tiempo parada, bloqueada en un mes interminable, como ocurrió en julio. Justo antes de que vosotros llegárais. Gracias por todo.
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